El móvil es lo primero que miramos al despertar y lo último antes de dormir. Las redes sociales, los videojuegos, las series o las apuestas online forman parte de nuestro día a día y, en sí mismos, no son el problema: nos conectan, nos entretienen y nos facilitan la vida.
El problema aparece cuando dejamos de usarlos nosotros a nuestra voluntad. Cuando una pantalla se convierte en la única forma de desconectar, de calmar la ansiedad o de evitar lo que nos duele, o cuando intentamos dejarlo y no podemos.
Si te estás leyendo esto, quizá te has reconocido en algo, o quizá te preocupa alguien de tu entorno: tu hijo o hija, tu pareja, un familiar. Darte cuenta ya es un primer paso muy importante, y no tienes que darlo sola o solo.

